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  • Belén

En el principio era el mapa

Para empezar por el principio, el primer contacto que conservamos y conocemos entre las lenguas española y china parece ser esta Carta de la configuración antigua y moderna (古今形胜之图), cuyo único original está custodiado en el Archivo de Indias de Sevilla.


La Carta original fue impresa por Yu Shi (喻時) en 1555, durante el reinado del emperador Jiaqing, de la dinastía Ming, y entre los expertos que la han estudiado figuran Fabio Yu-Chung Lee y José Luis Caño Ortigosa, quienes publicaron hace algunos años un interesantísimo artículo en la revista Tinta China (que reseño aquí, para quienes deseen leerlo). También fueron estos investigadores, por cierto, quienes descubrieron recientemente el diccionario español-chino más antiguo, con la friolera de 21.000 acepciones.


Volviendo al mapa: Llegó a Filipinas y cayó en manos de los padres agustinos, quienes tradujeron parte de sus contenidos con la ayuda de traductores chinos, antes de que el gobernador de las islas, Guido de Lavezaris, lo enviara al rey Felipe II en julio de 1574. No podemos olvidar que corrían tiempos en los que todavía había mucha tierra por descubrir y los dos grandes imperios del momento, el español de Felipe II y el chino de los Ming, bajo el mandato este último del emperador Wanli, vivían de espaldas el uno al otro, gobernando cada cual su pequeño gran extremo del mundo.


La Carta está considerada el primer mapa chino que entró en Europa y pudo ser una de las fuentes que utilizó el cartógrafo portugués Luiz Jorge de Barbuda para realizar el que está considerado como primer mapa europeo de China en 1584. También se cree que pudo estudiarlo Martín de Rada antes de su viaje a Fujian en 1575 (historia ésta que también merece una lectura). Lo que parece estar claro es que se trata de la primera prueba palpable de la interacción entre el chino y el español y que permitió a la Corte española conocer algo más de una China que, aunque lejana y extraña, se intuía ya como tierra de abundancia, por lo que constituía además una herramienta de gran utilidad para quienes planteaban la rocambolesca idea de la conquista china.


Pero lo cierto es que, ideas de peón caminero aparte, el mapa tenía como objetivo aportar información y conocimiento: Para ayudar a los que tienen ganas de aprender la historia y todas las ubicaciones importantes, críticas de la geografía mundial desde tiempos antiguos a modernos, se puede leer en una de las inscripciones. Sobre él vemos el Río Amarillo, resaltado en color rojo, tal vez más cercano al verdadero tono pardo de sus aguas, y la Gran Muralla, atravesando la tierra cual camino de adoquines. Vemos montes, mares y otros ríos, pero sobre todo vemos nombres de circunscripciones y ciudades, muchas ciudades, y es que en China, entonces y ahora, el rasgo más característico del paisaje es siempre la persona.

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© 2019 Belén Cuadra

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